Destinación: turismo «green»

Durante siglos, el pequeño reino de Bhután estuvo aislado del mundo. Escondido entre las grietas de la brumosa Himalaya oriental, el reino vigiló sus recursos naturales y de cultivo con tanta fuerza que simplemente prohibió la entrada a los viajeros extranjeros. Eso cambió en 1974 cuando el gobierno relajó su postura aislacionista y se abrió hacia el turismo para aumentar los ingresos.

Sin embargo, mientras Bhután trató de atraer a los visitantes, su política de turismo se estableció cuidadosa y estratégicamente para preservar la cultura local y evitar la degradación del medio ambiente. Al llevar a cabo lo que considera «de alto valor y turismo de bajo impacto», la pequeña sociedad budista (que mide su éxito en términos de «felicidad nacional bruta» más que el producto interno bruto) estableció una estricta política de turismo sostenible. Hoy en día el turismo es una parte importante de la economía de Bhután y las políticas se aseguran de que se protejan los recursos naturales y culturales –de gran atractivo para los turistas– en los años venideros.

De Bhután a Barcelona, ​​desde el Himalaya hasta La Haya, el turismo mundial es un contribuyente importante y ascendente para el crecimiento económico. Cada día los viajeros gastan más de 2 mil millones de dólares; la industria de los viajes y el turismo representa el 10,7 por ciento del PIB mundial y da trabajo a más de 260 millones de personas. Según una estimación, 1,6 millones de turistas viajarán por el mundo en 2020 –casi el doble que hoy.

Los efectos del turismo en el medio ambiente

A pesar de que el turismo ofrece innegables beneficios económicos, viene bajo el peso de la factura que pasa al medio ambiente. Tanto si se trata de enormes emisiones de carbono generadas por el transporte aéreo o por las huellas humanas; los viajeros pueden agotar o destruir los ecosistemas locales y contribuir al cambio climático global.

Al mismo tiempo, la degradación ambiental y el cambio climático tienen el potencial de alterar drásticamente los patrones generales del turismo y hacer un daño considerable a determinados destinos turísticos. El aumento del nivel del mar, la desertificación y el cambio en los patrones climáticos tienen la peligrosa capacidad de dañar o destruir los elementos que atraen a los turistas.

Como resultado, el turismo y la sostenibilidad del medio ambiente se están convirtiendo en socios naturales, sus agendas cada vez están más entrelazadas. Desde Dasler creemos que ninguna otra industria tiene que caminar por una línea tan estrecha de crecimiento ambientalmente responsable con tanto cuidado como la del turismo; podría decirse que ningún otro sector tiene tanto que ganar o perder.

Los turistas prefieren destinos verdes

Es cada vez más común, encontrar turistas ambientalmente sensibles en busca de destinos turísticos verdes; suelen coincidir con personas que hacen un esfuerzo proactivo por abordar cuestiones críticas tales como emisiones de carbono, conservación de la biodiversidad, gestión de residuos y suministro de agua.

Una encuesta realizada en 2005 por el Consejo del Condado de Devon, en el Reino Unido, encontró que el 54% de los encuestados tenían en cuenta cuestiones ambientales al proceder con la reserva de un viaje, y el 82% estaban dispuestos a pagar más por servicios y productos verdes. Como beneficio adicional, alrededor del 72% de los encuestados piensan que una empresa verde es sinónimo de calidad.

Sintiendo el empuje de los turistas, los principales operadores turísticos como TUI y Thomas Cook Group están dando prioridad en marketing a los destinos ambientalmente sostenibles, además de haber comenzado a exigir estándares verdes más altos a hoteles y centros turísticos. Además, las principales sociedades de viajes mundiales como National Geographic, ahora utilizan la sostenibilidad ambiental como un criterio clave en sus clasificaciones de destino. En resumen, los destinos turísticos que quieran seguir siendo competitivos, tendrán que adoptar políticas sostenibles o correr el riesgo importante de perder una buena base de clientes.

Hasta la fecha, sin embargo, sólo un puñado de destinos se han puesto las pilas con el reto verde; muchos otros se quedan atrás. Los destinos que hacen la vista gorda con las prácticas sostenibles corren el riesgo de agotar sus recursos y, a la larga, sus clientes. Están hipotecando su futuro para obtener beneficios a corto plazo.

En cuanto a aquellos destinos que estén jugando con trucos de marketing vacíos –que construyen, en efecto, fachadas verdes–, sin duda deben esforzarse por adoptar un cambio significativo mediante la aplicación de forma proactiva de políticas y prácticas ambientales sostenibles.

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